Es una de las preguntas más frecuentes en consultorio.
Y la respuesta, en la mayoría de los casos, es sí.
Durante muchos años se pensaba que una persona en diálisis debía descansar y evitar esfuerzos. Hoy sabemos que ocurre lo contrario: moverse de forma adaptada es una de las herramientas que más mejora la calidad de vida.
Eso no significa entrenar como antes, ni entrenar sin supervisión. Significa moverse con criterio, con progresión y conociendo algunos cuidados específicos.
En este artículo te explicamos cuáles son.
Por qué el ejercicio importa tanto en diálisis
Las personas en diálisis suelen tener mayor riesgo cardiovascular. No solo por el riñón, sino porque muchas veces se suman diabetes, hipertensión y colesterol alto.
Además, es común perder masa muscular y fuerza con el tiempo.
El movimiento regular puede ayudar a:
- mejorar la capacidad cardiovascular
- conservar masa y fuerza muscular
- controlar la presión arterial
- mejorar el control de la glucemia
- reducir la fatiga entre sesiones
- mejorar el sueño y el ánimo
- mantener autonomía en la vida diaria
La fatiga es clave. Muchas personas evitan moverse porque están cansadas, pero el sedentarismo aumenta el cansancio. Se genera un círculo difícil de romper.
¿Cuándo conviene entrenar?
Depende del tipo de diálisis y de cómo te sentís.
Si hacés hemodiálisis en centro
Como orientación general:
- los días sin diálisis suelen ser los mejores para actividad moderada
- después de la sesión es habitual sentirse cansado o con la presión baja, así que no es el mejor momento para esfuerzos
- si entrenás el mismo día, en general se tolera mejor antes de la sesión
Ejercicio durante la sesión
Muchos centros ofrecen ejercicio intradialítico: pedalear con un cicloergómetro o hacer movimientos suaves de piernas mientras se dializa.
Suele indicarse en la primera mitad de la sesión, cuando la presión está más estable.
Es una opción muy práctica, porque aprovecha un tiempo que de otro modo es de reposo. Pero se hace únicamente si tu centro lo tiene implementado y tu equipo lo autoriza.
Si hacés diálisis peritoneal
Solés tener más flexibilidad horaria, pero hay un detalle importante: el líquido en el abdomen aumenta la presión abdominal.
Por eso muchas personas prefieren ejercitarse con el abdomen drenado, sobre todo si hacen trabajo de fuerza o abdominales.
Cuidados con el acceso vascular
Si tenés fístula o injerto, ese brazo necesita atención especial.
Recomendaciones generales:
- no levantar mucho peso con ese brazo, sobre todo al inicio
- evitar apoyar el peso del cuerpo sobre ese brazo
- evitar golpes o deportes de contacto
- no dormir sobre ese brazo
- no usar ese brazo para tomar la presión
Si tenés catéter, además hay que cuidar la zona de salida: evitar piletas, mar, transpiración excesiva sobre el apósito y movimientos que traccionen la zona.
Cada acceso es distinto. Tu equipo de diálisis es quien debe indicarte qué podés hacer con ese brazo y desde cuándo.
Qué tipo de ejercicio conviene
Aeróbico
Es la base.
- caminata
- bicicleta fija
- elíptico
- actividades acuáticas, si el acceso lo permite
La idea es una intensidad en la que puedas hablar mientras te movés.
Fuerza
Fundamental para no perder músculo.
- bandas elásticas
- peso corporal
- pesas livianas
- ejercicios de piernas, que suelen ser los más debilitados
Poco peso, técnica correcta y progresión lenta.
Equilibrio y flexibilidad
Muy importante, especialmente en adultos mayores, para reducir el riesgo de caídas.
- elongación suave
- ejercicios de equilibrio
- yoga adaptado o tai chi
Cómo empezar
La regla es simple: empezar por debajo de lo que creés que podés.
- empezá con 5 a 10 minutos por sesión
- sumá tiempo antes que intensidad
- apuntá a la mayoría de los días de la semana
- fraccioná si hace falta: tres bloques de 10 minutos también cuentan
- registrá cómo te sentís después
Progresar de a poco no es ir despacio. Es la forma de sostenerlo en el tiempo.
Señales para frenar
Detené la actividad y consultá si aparece:
- dolor en el pecho
- falta de aire desproporcionada
- mareos o sensación de desmayo
- palpitaciones
- calambres intensos
- debilidad marcada en las piernas
- dolor, hinchazón o cambios en la zona de la fístula
- fiebre
También conviene postergar el ejercicio si tenés mucho líquido acumulado, la presión muy alta o muy baja, o si venís de una sesión con complicaciones.
Lo que no hay que hacer
- no arrancar un plan sin hablarlo con tu equipo de diálisis
- no comparar tu rendimiento con el de antes de empezar diálisis
- no entrenar hasta el agotamiento
- no ignorar síntomas por querer cumplir la rutina
- no usar suplementos deportivos por cuenta propia
Ese último punto es importante: muchos suplementos contienen potasio, fósforo, sodio o proteínas en cantidades que pueden ser un problema en diálisis.
El ejercicio no reemplaza el tratamiento
Moverse mejora mucho, pero no sustituye la diálisis, la medicación ni el plan alimentario.
Funciona como un complemento que suma a todo lo demás.
Conclusión
Estar en diálisis no significa dejar de moverse.
Significa moverse distinto: con progresión, con cuidados en el acceso vascular y escuchando al cuerpo.
La mayoría de las personas que incorporan actividad física adaptada reportan menos fatiga, más fuerza y mejor ánimo.
Antes de empezar, conversalo con tu equipo. Un plan pensado para vos siempre va a ser más seguro y más efectivo que uno genérico.
Dra. Tatiana Rengel
Nefrología integral y prevención renal.

Dos cosas que repito siempre en consultorio: hablar el plan con el equipo de diálisis antes de arrancar, y chequear la fístula todos los días. Muchas personas creen que estando en diálisis conviene quedarse quieta, y casi siempre es al revés: moverse de a poco mejora la fatiga, la fuerza y el ánimo. Si tenés dudas sobre qué podés hacer en tu caso, escribime y lo vemos.
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